Publicado Originalmente en el Semanario Voces La ley orgánica aprobada con mayoría del Frente Amplio en el parlamento, en su quinceavo año en el gobierno, debería haber sido la culminación de un proceso de cambios institucionales que permitieran, entre otras cosas, un mejor y más eficaz control de la ciudadanía a las Fuerzas Armadas. Pero no. En realidad, aunque tiene virtudes, los defectos son de tal magnitud que no es un asunto sencillo exponerlos a todos. Por ejemplo, la ley reduce la cantidad de generales del Ejército de 16 a 12. Bárbaro (podría pensarse) son muchos y deben ser menos. Pero ¿si el Ejercito es el mismo, cada uno de los generales que queda tiene más o menos poder que antes? Se concentró el poder militar ¿es mejor? Este cambio significó – porque, como ya veremos más adelante, no existió en la ley ninguna reorganización de las fuerzas- que, por ejemplo, en la Escuela Militar donde se forman los oficiales del Ejercito antes hubiera un general y ahora un coron...